Cada ruido es único

Escrita por Tomás Lluna.

“Bro, ¿tenés ese? sale strit con los misioneros.” vibra el Iphone de Leopoldo – o como lo tienen agendado todos en la banda, el Castor. “A las once en OP, pinta ir a la nexa”.

Es domingo, los pibes saben que es el día ideal para hacer street por la sede del bosque de la UNLP. No hay clases y hay menos guardia edilicia universitaria. Si logran entrar a la Nexa sin que nadie los eche antes de saltar la reja, tienen asegurada media hora mínimo hasta que alguien los escuche y se queje.

Una vez adentro, el spot -patio de colegio- es un paraíso. Hay un gran rectángulo rodeado por pequeñas escaleras de dos escalones con rampas para sillas de ruedas, el piso es de baldosa con buenas uniones para patinar y un monumento a la bandera en el centro que sirve de borde. Sí o sí hay que llevar vela para que las pruebas avancen porque el borde es áspero. El patio de colegio tiene una gran variedad de tachos de basura por lo que el gran espacio deja lugar a la creatividad de cada skater.

A las once y cinco con la riñonera cargada con dos churros, la sube, veinte pesos y el celu, el Castor agarra el skate y sale para Obras. Las primeras cuadras del camino son de adoquines por lo que no se puede patear. Las camina apurado, ansioso. Los últimos tres metros hasta llegar al asfalto los cubre en cuatro pasos largos y salta a la tabla con bastante envión.

La diagonal 78 no es tan angosta como aparenta: el problema son los autos estacionados sobre ambas manos. Casi siempre te puteas con cualquier chofer del 275 que te echan los finos más jugados que existen, pero los domingos es distinto. No hay clases en Bellas Artes y la zona se vacía. Por eso los domingos son de salir a patear la calle, por esos pequeños detalles, como no putearte con cualquier chofer del 275.

Además es el día que toda la gente tiene libre. Si vas a un skatepark, sea Berisso, 32, Ensenada o Villa Elvira, las pistas están explotadas de gente. Los pibes quieren gozar del skate tranquilos. La calle un domingo te da eso si sabes elegir bien el spot.


El ruido del skate contra el asfalto es uno de los sonidos que más le gustan al Castor. Por eso no patea con auriculares cuando va por la calle. Sentir las partes más lisas, pasar por pedregullo, saltar una parte de calle rota. Cada ruido es único.

Cuando llegó a Obras los pibes lo estaban esperando. Los hermanos misioneros sentados en un banco y Julián, Jones y Santi sentados sobre sus tablas. Todos los pibes tienen las zapatillas rotas o con restos de silicona para que duren un poco más. Todos, menos Jones, usan gorra. En la plaza había varias personas más patinando pero el Castor fue directo con sus pibes.

ㅡ¿Vos sabías que yo me gané la mención al Personaje más visto de O.P.? 2016 y 2017, no es joda amigoㅡ le pregunta Julián al Castor mirando a cada uno de los pibes que lo rodean, mientras todos se ríen.

No, ese es el Giulan. Él sí, te creo. Y el que más chelas se llevó, lejos responde el Castor sin dudar.

Los pibes se cargan. Es que todos quieren ser el que más le pide. ¿Qué es pedirle? Desafiarse, hacer pruebas nuevas, o pruebas viejas en lugares nuevos, más altos, más largos, menos aptos para patinar.

El skate no se trata de ganar, de ser mejor que el otro. Se puede ganar un s.k.a.t.e, un torneo, un best trick, pero no es lo mismo. No es como en el fútbol u otros deportes. Acá no se compite por ser el que más pruebas hace o el que no pierde ningún s.k.a.t.e. Los pibes quieren ser el que más tiempo patinó en la calle.

Es que realmente no se compite contra nadie más que uno mismo. Patinar en grupo ayuda mucho a poder ir corriendo tus propios límites, viendo cómo se anima uno, cómo se acomoda otro.

El más skater de todos es el que fue al skatepark a la mañana, a la plaza a la tarde y a la noche sale a hacer street por la ciudad. Aunque tampoco se trata de hacer todo eso sólo. Sin una banda, una crew que avale, segundee la sesión, no se puede ganar en el skate.

Todos los pibes que están en Obras saben lo que es patinar sin compañía y por algo van a la plaza. Ahí, aunque vayas por tu propia cuenta, en una semana te encontrás con una banda compañera. Siempre que lleves buena onda, ganas de andar, y cinco pesos o algo para aportar a la vaquita para la chela, estás adentro.

Obras funciona así. Es un espacio de encuentro entre skaters. Siempre va a haber alguien patinando. Muchas veces las mejores sesiones no se planifican: la plaza está liberada para patinar cualquier día. Uno va por una hora entre cursadas y se encuentra con dos de los pibes que justo tienen la tarde libre y así nunca se patina sólo.


A las doce ya está la banda entera: los misioneros con las filmadoras, Santi con su cámara y flashes y el castor y cinco pibes más listos para tratar de filmar alguna prueba. Arrancan para la zona de las facultades que están en el bosque: Odontología, Arquitectura y demás.

Si patear por la calle hace un ruido que el skater disfruta, siete skates a la vez lo vuelven loco. Los pibes se deslizan rápido, agresivamente, con ganas de comerse el mundo, el peatón y al auto que lo quiere encerrar. Se sienten en el medio del “Wild in the streets”.

Camino al bosque saltan las sombras de los árboles, hacen pequeños derrapes contra los autos que pasan, dibujan líneas por la calle. Sanso y Jones van en la misma línea. Suben uno detrás de otro a una vereda y bajan nuevamente a la calle a los pocos metros por el medio de dos autos estacionados. Así el camino se hace entretenido, se pasa volando.

Al entrar al predio de la Universidad esto cambia. En la calle del bosque que patean los longboards los pibes se bajan de sus skates y empiezan a caminar. Entran en silencio, en fila, ordenados y disciplinados. ¿La razón? Una de las pocas casillas de la guardia edilicia que funciona los domingos se encuentra ahí.

Una vez adentro hay bastantes lugares para patinar: gaps grandes y chicos, una baranda, y la misión del día: la Nexa. Poco antes de llegar a la reja que necesitaban saltar, Jones, de remera violeta Zoo York y pantalón de jean, decide que quiere probar una en el Partenón. Uno de los gaps más altos que hay en la ciudad. Místico porque hasta ahora pocos le dieron; entre quienes la hicieron se encuentran Ray Escarlon, Catulo Lisboa y Tomás “Shimi” Viñes.

Jones va a hacer un ollie para calentar. Si lo hace, prueba una más jodida. Mientras se acomodan las cámaras, Jones realiza la carrera dos veces a una velocidad lenta para medir las distancias. Es un salto de dos metros de alto y poco de largo, casi un metro. El piso de arriba es perfecto, de mármol. El de abajo más áspero, de esas baldosas con piedras de canto rodado.gif jones

El ollie lo pica perfecto, lo aguanta todo el aire y explota contra el piso. El skate sale para atrás y Jones rueda para adelante. Muy cerca en el primer intento. Todos se motivan menos la rodilla de quien se acaba de revolear. Ya estuvo fuera de la tabla por un largo rato culpa de sus meniscos y el salto de recién se lo recordó.

Mientras se debate si vuelve a tirarse o siguen para la Nexa ocurren dos cosas que arruinan la sesión. La rodilla de Jones se hinchó como una pelota de handball. Un perejil de la guardia edilicia escuchó los ruidos y vino a avisar que “acá no se puede jugar con el skate”.

La técnica es fácil, no van a discutir al pedo. “Ya nos vamos” responden todos al unísono y empiezan a caminar para adentro del campus: hay una baranda que está en una calle que no escucha nadie y ahí pueden quedarse sin riesgo alguno. La Nexa está muy cerca como para arriesgarse a que el guardia los vea caminar para la reja.

Una vez en la baranda los pibes vuelven a sesionar. Dos activaron y fueron a buscar agua. Para que a Jones le cambie un poco la cara de apagado que tiene, el Castor lo dejó prender el churro.

Matías Almirón, uno de los hermanos misioneros, prepara la cámara con ojo de pez para filmar en este spot. Las líneas tradicionalmente se filman con este lente. En algunos de los videos más modernos se ha dejado de seguir esto como una regla, pero a Mati le gusta como queda, el estilo que le da a la toma.

Después de varias idas y venidas, dos de los pibes logran bajar su línea: una prueba de piso y una en la baranda. Entre las dos tomas que bajaron y el palo de Jones, la producción del día, para la suerte que tuvieron, viene bien.

 


 

Aparece un nuevo problema, ponerse de acuerdo con el próximo destino. Jones ya quiere irse a su casa a descansar la pierna. Los dos que filmaron están para lo que diga el resto. Dos quieren irse al skatepark y el otro no quiere “encerrarse en una pista un domingo” pero tampoco sabe a qué lugar ir.

Recuerdan que cerca hay un banco que movieron para crear un spot. En serio que ahí no había nada patinable, un gap de pasto, largo y sin altura -nada patinable salvo para Santiago Garralda que se lo saltó todo. gif santiAhora es un lugar hermoso porque nadie te echa y nunca se había visto un salto a borde en la ciudad.

Al llegar, antes de que alguno pruebe el banco, los pibes se miraron. Había otro cerca, exactamente igual al que habían movido unos meses antes. Las miradas lo insinuaban. Rodearon entre cinco el otro banco y como pudieron lo fueron acercando al primero.

Calzaron bien. La unión no era perfecta pero dejaba que el skate pase. Ahora los pibes tienen un spot único en la ciudad. Una especie de baranda de cemento larga. Las pruebas básicas, de siempre, bajaron rápido. A la hora de probar nuevas la cosa se complicaba más.

Después de casi una hora sesionando en el banco, sólo Sansolini sigue intentando. El resto descansa en el pasto. Uno se golpeó la cabeza cuando se le trabó el skate, se abrió un buraco de un tablaso. Otro “tiene la cabeza como pesada y quiere ir a comer algo”, sugiere una pizza.

ㅡUn tiro más ㅡpide Sanso, que tenía cerca el frontside lipslide. Había peligrado dos veces porque la unión de los bancos no había quedado tan simétrica. La tabla se le había trabado pero había logrado zafar saltando el segundo banco sin mucho problema.

Tira su skate y patea dos veces para ir a una velocidad considerable. Como muchos saben, cuando una prueba no baja la solución es ir más rápido. La tabla engancha bien y pasa al segundo banco sin mucho problema pero Sansolini no logra quedarse arriba.

Sin decir nada, agarra su skate y vuelve al punto de salida. Se acomoda la gorra y respira hondo. Esta vez patea tres veces. “Tac, tac, tac” se escucha el skate contra las baldosas. Suena bien firme el pique de su tabla. El lipslide engancha y hace un “tss” mientras avanza, pasa la unión con coraje -porque la tabla se quiso trabar pero sus pies estaban más firmes-, y desliza el segundo banco. Baja con los pies arriba de los tornillos generando un sonido sólido y devuelta el “tac,tac,tac” de las baldosas.

Sanso siempre sabe cuándo dejar los pies arriba de la tabla. La banda explota en un grito de festejo y aplausos. La cerradora del día.

 

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