La muerte del Teatro

Escrita por Tomás Lluna.

 

―Todo lo enrejado, muere― dice Nicolás Morales, filmer y productor de Real Life, mientras fuma un pucho. Su voz suena nostálgica. ― Al Teatro lo mataron. Era un lugar de encuentro tanto para los pibes que patinamos, como para cualquiera. Lo único que ves ahora es un espacio vacío, un espacio que pasó de tener mucha movida, a cero vida.

El Teatro Argentino de La Plata es uno de los edificios característicos de la ciudad. Abrió sus puertas en 1890, fue demolido luego de un incendio en 1977. En 1980 se comenzó con la construcción del nuevo edificio pero hasta 1999 no se inauguraron las salas principales.

Según los pibes que patinan en la ciudad, la manzana del Teatro está hecha para andar en skate: “No puede ser casualidad: todas las escaleras con baranda, el piso que permite andar, las fuentes y bancos de mármol. Los arquitectos tenían que estar pensando en el skate, inconscientemente.”

Nadie sabe quién fue el primero en revolearse por las escaleras, quién le dio a la baranda primero, quién curtió el primer fifty en la fuente. Lo cierto es que ya había, por el 2006 o 2007 un gran grupo de skaters en la Torre I y siempre que podían de pasada intentaban alguna cosa, nunca con mucho éxito: los guardias “del Tea”, como le dicen los pibes, los echaban.

― Chris Martin ―leyenda del skate local que llegó a ser profesional y aparecer en algunos de los mejores videos nacionales― acababa de llegar de un viaje y con dos más fueron a patinarlo. Los metieron presos, al calabozo dos días. Él fue el primero. Al Mutante lo llevaron también. ―Shimi habla pausado, está cortando pedazos de lija de una tabla quebrada y pegandoselos a un guatamba nuevo que tiene. ― A mí no me llevaron nunca, pero me han pegado.

Shimi estaba probando un nollie inward o un 360 flip (no recuerda) en la de siete escalones. Ya estaba por bajarla cuando un policía con chaleco antibala e itaca en mano se paró arriba de la escalera.

―Andate ―le ordenó golpeando la itaca contra la palma de su mano.

―¿Volvió la dictadura que me lo pedís así?

Dio media vuelta para bajar la escalera cuando sintió la bota del milico en su columna. De una patada voló y terminó en el piso.

―La bronca que me daba. Me miraba desde arriba, haciéndose el poronga, el robocop. Otra vuelta un guardia me arrastró de los pelos como tres metros.

 


En el 2008 empezaron a curtir un poco más al Tea. Había muchos skaters: echaban a un grupo de las escaleras y a los veinte minutos había otro en los canteros y así todos los días. Con el tiempo los guardias empezaron a ceder. “Vayan a la otra esquina”, “ahora no, pero vengan en media hora” y así, hasta que empezó a estar liberado para patinar.

Con el Tea libre, más personas se fueron acercando. Eran más los pibes que patinaban, pero también más la gente que ranchaba en la plaza seca:

―Se empezó a llenar de borrachines, punks, cabezas, floggers. Gente que estaba todo bien pero la daban otros usos. Empezó a ser un problema y se empezaron a poner la gorra. Un año o dos debemos haber aguantado― cuenta Shimi.Skate GIF-downsized_large

Amadeo Zago, otro skater local del Teatro, también cree que el problema se generó ahí, cuando se empezó a llenar de gente:

―Al principio íbamos y no había nadie más que skaters. A la gente le parecía feo el lugar, no era un lugar para ir a tomar mates o pasar la tarde, por lo menos no lo usaban así. Y después empezaron a hacer torneos de rap y freestyle a la noche.

Ama explica que cuando eran sólo skaters no los echaban pero que con más gente en el lugar, los guardias decían que molestaban o que le podían pegar a alguien.

―Con el movimiento nocturno se empezó a poner más turbio, más borrachos, y el Teatro se empezó a popularizar como lugar de ranche― se lamenta Amadeo.

El Teatro se terminó convirtiendo, según los mismos skaters, en cualquier cosa. Ring de peleas, baño público y zona liberada para el consumo de sustancias desde vino con pastillas hasta paco.

Shimi sonríe cuando ve su lija reciclada terminada, quedó bien. Recuerda las reglas de los guardias del Tea y se ríe.

―Era re loco. Te estabas fumando un porro por la cara de los gorras y venían a decirte que no se podía andar en skate, que todo bien, que estemos ahí, pero que no patinemos. Buenaso que nos dejaran fumar, pero ¿es más ilegal patinar que fumar?

A su amigo el Castor le pasó una secuencia peor con el churro. Se me cago de risa

―Era mi primer año en La Plata, me iba a encontrar con los pibes en el Tea. Tenía una tuca. Me pinto fumarla asique me fui a un rincón y no vi un policía que venía caminando. Saco el humo y al mismo tiempo el gorrudo deja el bolso al lado mio. ¿Qué estás fumando? Una tuca nomás, no tengo nada. Damelo me dijo y se la fumo. “Ah, del rico. ¿Sabes lo que puedo hacer yo? Te llevo allá enfrente― donde está la comisaría― y te van a cagar a palos. Tenés suerte que me estoy yendo a mi casa.

Era un policía conocido ya por los pibes. “Era el gil, uno petiso, pelado y  morocho” lo describe el Castor. Shimi lo conoce:

―Es el mismo que una vez le pego un cabezaso al Córdoba, que en ese momento tenía 16 años. Y a mi una vez también me tiro esa amenaza. Me dijo: vamos enfrente a ver quien la tiene más grande.

 


Para el 2011 había una especie de guerra de bandas. Los “turros” pasaban por el Tea y llovían piedras contra los skaters y el resto de las banditas que ahí ranchaban. Los vidrios del Teatro terminaban explotados después de cada lluvia.

Todo empezó a estar peor. Ya no se podía patinar tanto. En 2012 podías tener suerte y que nadie te echara pero ya no era zona liberada. Era una cuestión de azar.

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―Ahora lo pienso y estuvo piola curtir el lugar desde el principio. Cuando pienso en la mejor época del skate para mí, pienso en el Teatro. Estaba apasionado realmente. No pretendía nada del skate. Era salir a bardear con una patineta. Encontrar cosas tiradas y llevarlas al Tea para patinarlas. Con el Mutante, también estaba el Lima.

Shimi le decía a la mamá que se iba a la matine. Era más fácil, no tenía que dar explicaciones y le daban diez o quince pesos. Escondía el skate atrás de la puerta y al irse esperaba unas cuadras para empezar a patinar.

―De doce a tres de la mañana patinábamos y gozábamos. Con 20 p pegábamos unas birras. En esa época lo estábamos curtiendo a pleno, de día y de noche. ―Hace una pausa y vuelve a prender medio cigarrillo armado a mano. Da una pitada larga. ―Y ahora nada, lo veo enrejado y no siento nada, yo ya patiné ahí, el bajón es el que no patinó.

Para Amadeo Zago, quién patina hace más de diez años, “no hubo altibajos, la caída del Teatro como spot fue paulatina pero constante”.

Primero cerraron el pasadizo interno que permitía a los pibes patinar hasta con lluvia. Después para unas elecciones lo embolsaron todo. Sólo dos esquinas quedaron libres. Después los empezaron a echar de todos lados, hasta que llegaron las rejas y nadie más pudo patinar ahí.

A Amadeo lo detuvieron una vez por patinar en el Teatro Argentino: “Amadeo está por bajar la prueba cuando ve a través del vidrio las siluetas de dos policías que se acercan. Sólo le queda un intento: la explota.Corre a buscar la tabla y los agentes se acercan, tranquilos, como si quisieran charlar. Amadeo sospecha que la escena es la de siempre: la policía los echa, los pibes insisten un poco y después se van. Pero no. Uno de los oficiales le saca el skate y el otro lo reduce.

– Siempre lo mismo con vos, si no hago ésto no vas a aprender – le dice uno mientras le retuerce el brazo y lo lleva a la Comisaría Primera, a media cuadra del Teatro.”

Al poco tiempo el Teatro pasó de tener policía a seguridad privada constantemente parados en las esquinas. Imposible patinar hasta que una noche cuatro de los pibes pasaron por afuera a las 3 de la mañana y lo vieron regalado. No saben si fue el alcohol y thc en sangre o la nostalgia de poder patinar ahí nuevamente, pero en menos de un minuto los cuatro habían saltado la reja de más de tres metros. Le dieron a la baranda y se tiraron de la escalera un rato tranquilos.

Santi corrió lo más rápido que pudo a una parte de la reja que tiene una especie de caja soldada que sirve de escalón. Tiro la tabla pero no alcanzó a pasar la reja. Miró hacia atrás y tenía a los policías muy cerca como para volver a intentarlo.

Agarró su skate y patinó con todas sus fuerzas hasta otra esquina, ganandoles distancia a los guardias. Estaba sólo, los pibes habían huido y lo bien que habían hecho. Cuando se realizan misiones así, cada uno esta por su cuenta si todo sale mal. Además los pibes no hubieran podido ayudarlo.

Weirdooo 3 full lenght – Tea Argentino. from Weirdooo Skateboarding on Vimeo.

Esta segunda vez no erró el lanzamiento de la tabla. Llegó a la punta de la reja cuando los policías estaban a uno o dos metros. No tenía tiempo de bajar la reja porque lo podían cazar de la ropa. Sin vacilar se tiró y cayó como una bolsa de papa contra el suelo.

―¡Se quebró!¡Se hizo mierda!― le comentó un policía al otro.

―¡No me quebré hijo de puta!― gritó Santi mientras se alejaba como podía, porque sí se había hecho mierda pero nada grave.

Ya hubo, entonces, una sesión con el lugar enrejado. “Todo lo enrejado muere” dijo Nicolás Morales, pero los pibes no piensan dejarlo morir tan fácil. Tienen fé en que en algún momento van a tener que abrir algún portón o permitir a la gente usar la plaza seca que quedó muy buena con nuevos bancos y mejor iluminación. Ese va a ser el momento en que de a poco van a tener un intento, un día una sesión, y así hasta que puedan tomar el Teatro nuevamente. Los pibes crecieron en el Tea y no lo van a dejar morir.

El Teatro murió? @giulianopasqua

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