Jorge entendió el skate

El skater es un protagonista urbano activo, que no sólo utiliza el espacio, sino que también lo transforma, lo recrea, lo resignifica […] Podríamos considerar que el skate permite vivir e imaginar la ciudad de otra manera.

Escrita por Tomás Lluna.

Jorge Saraví tiene 54 años, es pelado y aunque nunca pateó más que para probar cómo se siente, lo entiende como uno más de los skaters de toda la vida. Es autor de la tesis de maestría Skate, espacios urbanos y jóvenes en la ciudad de La Plata y el libro Jóvenes, prácticas corporales urbanas y tiempo libre: una mirada desde el skate. Pero ¿cómo llega un profesor de educación física  que nunca patino a comprender y escribir una tesis que parece escrita por uno de los Hot Locals?

Sentado en el Café del Paseo Dardo Rocha está Jorge. Lleva una camisa a cuadros celeste y una simpática sonrisa. Por la forma de vestirse y hablar jamás se lo asociaría al mundo del skate, sin embargo entiende la movida y lo motiva.

―Me fascina como algo que me hubiera gustado practicar. Sólo me anime un tiempo que le pedí a una amiga una tabla prestada: una patineta.  ―Jorge hace un gesto con la manos indicando la forma de la tabla sin nose, de las viejas ― La segunda vuelta de eso, cuando mi hijo era chico, 6 o 7 años le regalé una tabla para navidad.

A su hijo lo llevaba a un skatepark de madera, La Alambrada, que había cerca de Gonnet. Cuando cerró, se enteró del templo en Quilmes: Eh?Park. La pista es una de las más antiguas del país que sigue funcionando hoy en día.

Invert, 1989
Alambrada Skatepark, 1989
Pablo Ipucha, Alambrada
Alambrada Skatepark, 1989

―Yo me quedaba con él y curioseaba ―continúa explicando con pausado ritmo de profesor ―, pensaba: “qué interesante”. En Quilmes más me llamó la atención, había mucha más movida. Pensé ¿por qué no? Y lo tomé como tema de investigación.

El posgrado de Jorge es una maestría en educación corporal y él decidió investigar lo que, descubrió era un área desconocida en el país: la primer investigación sobre skate. Más de 200 páginas sobre patinar como modo de apropiación del espacio público en la voz de los propios pibes que chantan. Pero cómo hizo un tipo, amante del deporte pero completamente ajeno al skate, para insertarse en el mundillo de los jóvenes, las tablas y la calle.

―Si me costó entrar, fue por mis propios prejuicios: pensaba que por ser un adulto, de otra generación… “¿qué hace el pelado ese ahí mirando?” ― dice Saraví, arrugando el contorno de sus ojos celestes y riendo―. Cuando logré romper con eso que estaba nada más que en mi cabeza, se fue dando una confianza y vi que no era un ambiente cerrado.

Sus primeras observaciones fueron en la Torre I, uno de los primeros spots de la ciudad, ubicado en la esquina de 13 y 51. Cuenta con unos planos, una fuente con bordes y un piso hermoso: mitad de mármol, mitad de baldosas lisas. Una mezcla ideal para pasar la tarde jugando s.k.a.t.e. , dándole a los planos y probando alguna prueba al borde. Al estar ubicado en el centro de la ciudad sirve como punto de encuentro de la sesión.

Al principio, Jorge se sentaba lejos y se iba acercando de a poco. Después entendió que su cámara de foto era una gran puerta de entrada: “¡Cómo les gusta el registro en foto o video a los skaters!”.

―Del teatro te conviene hablar con El Niño, con Sebastián Celentano, y así me fueron ayudando los mismos pibes ― a medida que Jorge habla se entusiasma y se arrima al borde de la silla ―. En 2010, los acompañe cuando llevaron una propuesta de skatepark al presupuesto participativo. Hice campaña y los ayudé porque me parecía piola lo que hacían. Me gané su confianza y de a poco empecé a sentirme parte.

El skate en espacios no planificados para ello disrumpe resignificando el lugar. Descoloca al otro usuario, produce ruido, permanencia -se quedan fijos en lugares donde sólo estaba previsto pasar-, regularidad. Produce un lugar “propio” en un espacio que se presentaba como “de todos”.

Aparece una necesidad de búsqueda de autonomía de los jóvenes en relación a sus padres y familias, y en relación a los adultos en general. Muchos jóvenes no sienten una verdadera valoración de la práctica del skate en el ámbito familiar y manifiestan que sus padres asocian esta práctica corporal con “no hacer nada” o “perder el tiempo”. En ese sentido alejarse de sus hogares, es alejarse de sus padres: esta cierta independencia espacial y temporal, permite la experiencia de la autonomía. También, y complementando lo anterior, quizás podríamos considerar que ese lugar donde hacen skate es vivido por ellos como un espacio de anonimato. Allí, rodeado de muchos pares, fortaleciendo su pertenencia y adscripción, el joven se homologa con el grupo, y paradójicamente esta mayor visibilidad de sí mismo, conlleva menos posibilidades de ser observado o controlado individualizadamente por otros sujetos externos al grupo.

―Es tal cual ―dice Amadeo, que patina hace casi diez años -la mitad de su vida-, con las dos manos escondidas en sus rulos―. En OP con los pibes te sentís uno más de “los de la tablita”.

―Che, pero… ¿quién escribió eso? ¿Patina? ―pregunta Facu igual de sorprendido por las palabras que acaba de escuchar. Mientras habla juega con la tabla en sus manos, tiene el modelo de Neutro Skateboards -marca platense- que más le gusta: blanca lisa con una foto del árbol central de la plaza.

Op

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Ambos son locales de Obras Públicas -OP- y a la plaza la sienten como propia. Ellos pudieron vivir el Teatro en su gloria y sufrieron cuando se los enrejaron. Ahora ranchan en Obras y no se piensan mover de ahí.

Jorge
Jorge Saraví en la presentación de su libro: “Jóvenes, prácticas corporales urbanas y tiempo libre”.

―Parece algo que ya sabés… lo que pensás pero nunca podes decir tan claro ― explica Ama, y vuelve a patinar.

Además de la descripción, Jorge está al tanto de una de las polémicas más abiertas y actuales dentro del mundo del skate.

―En el campo académico lo llamamos deportivización: una práctica que era más libre, lúdica, de esparcimiento, empieza a organizarse a través de reglamentos, asociaciones, federaciones, instituciones que regulan el deporte. Una práctica corporal termina siendo un deporte exigido de alto rendimiento, con records, performances, premios con mucho dinero.  Y al costado contrahegemónico del skate mucho no le debe gustar.

La Street league o el skate entrando en los juegos olímpicos son el claro ejemplo de la deportivización. Consolidated o el Dime Glory Challenge, del costado contrahegemónico. En Argentina el (camping-hostel-skatepark) Empilar se está encargando año a año en sus eventos en devolver el skate a su estadio más lúdico o de esparcimiento. Si bien mantienen el torneo, cada evento agrega juegos, carreras y disciplinas que corren un poco el eje del alto rendimiento y la competencia estricta.

Jorge reconoce en la deportivización del skate un beneficio de antemano: parques diseñados para patinar, los skateparks.

―Los skateparks tienen un efecto positivo. Lo veo en los pibes de Villa Elvira o los de Berisso. Antes si querían patinar tenían que venir hasta el centro de La Plata. En Berisso hay un skateshop. Está en un barrio que no pensé que tendría una local específico de skate. Lo entreviste y él les vende barato a los pibes del barrio. Tiene su circuito comercial pero atrás del local hay una intención que no es meramente comercial: organiza eventos, ayuda a los pibes para que puedan patinar, da premios para los torneos. Creo que un skatepark genera estas cosas…

Los espacios urbanos no son escenarios vacíos en el cual se desarrollan las prácticas. Los caños y o rampas improvisadas que moldean y flexibilizan los espacios son la expresión viva de esta manera de vivir los espacios. ‘Las prácticas del espacio tejen en efecto las condiciones determinantes de la vida social’ afirma De Certeau. Las prácticas construyen la ciudad y estas prácticas (skaters) a su vez son producidas y transformadas por la ciudad. Podríamos afirmar que el skate ha construido en la ciudad de La Plata espacios propios. El skate platense existe y sólo puede existir en el entramado de esa estrecha interrelación con los espacios urbanos en los cuales se practica. Sujetos, prácticas y espacios, en un ida y vuelta permanente, una cinta de Moebius urbana.

Saraví observó por un largo tiempo las sesiones en el Teatro y en la Torre. Se juntó con los pibes y fue entendiendo cómo era la movida. Se ponía a un costado y con su cámara congelaba los momentos que para él más reflejaban la apropiación del espacio.

―Básicamente van a un lugar, se quedan ahí, vuelven una y otra vez. Es decir, buscan un spot y si les sirve se quedan. También entienden la ciudad de otra manera: salen por la ciudad a buscar spots. Es una apropiación transitoria. El concepto de apropiación se ve mucho en las prácticas juveniles. Llevan obstáculos, crean un circuito, generan de un spot un espacio de encuentro y de práctica del deporte. Y lo transforman en un spot social, porque se juntan con amigos. Eso sería en un primer nivel.

El segundo nivel se refiere a cuando la banda cae con barandas, heladeras, maderas, palos, y cualquier cosa que sirva para ser interpretada como un obstáculo en la plaza.

―Hacen que el espacio sea más suyo porque le agregan cosas propias. Re apropiación: primero te apropias y después te re-apropias al hacerlo todavía más tuyo. Inclusive tienen lugares donde esconden sus materiales, o guardan obstáculos y eso es más interesante todavía, parece el patio de tu casa. Son suyas y de sus amigos.

En Obras Públicas hay un escondite en una cabina de gas. Básicamente se guarda vela para que nunca falte y algún envase de birra, para no tener que pagarlo en el mercado de la vuelta. La vela sirve para que los bordes y barandas deslicen. En el árbol más grande de Obras se escondía un caño para varillar, en el puesto de diarios de El Hoy se solía guardar un carro de supermercado para saltar.

Weirdooo 3 full lenght – OP from Weirdooo Skateboarding on Vimeo.Filmado y editado por Matias Almirón.

―La apropiación aparece también en la tensión del Teatro Argentino ¿De quién era ese espacio público? El problema ahí era con los vecinos. Se quejaban de los ruidos molestos y que rompían “el espacio de las artes” ― dice Jorge haciendo las comillas en el aire y esbozando una sonrisa―. El skate también es arte.

*Audio: Jorge Saraví sobre la apropiación.

Durante su investigación, Jorge entendió que su involucración debía superar la mera observación y entrevista. Por eso se sumó al proyecto que presentaron en el presupuesto participativo. Entendía que los skaters intentando utilizar una herramienta de la micropolítica demostraban con más ganas su necesidad de ser escuchados.

―Lo que pasó en Plaza Belgrano, eso nunca llegó a ser el proyecto que los pibes del skate querían por culpa de los vecinos que no querían compartir la plaza. Argumentaban que era de ellos y de sus hijos y no querían un skatepark ahí. En las entrevistas que yo hacía a los chicos, los pibes me admitían que podía ser peligroso que se les escape la tabla a uno y le pegue a alguien en el tobillo, pero que ellos estaban atentos a eso. Intentaban que no sucediera, se turnaban, alguno vigilaba o miraba, no es que “no les importaba nada”.

Tampoco es para decir que los pibes sean santos. El boom del skate y la difusión que tuvo el Teatro como spot fue un poco también lo que hizo que prohibieran el skate ahí.

―Esto no lo digo yo, lo dice “el niño” -Julián Rodríguez- y otros en las entrevistas. Empezaron a caer y caer montones de pibes. No podían creer la gente que venía que no era de la ciudad. Los que llegaban no sabían bien cuáles eran los acuerdos, las zonas permitidas. No respetaban los términos y empezó a haber esa masividad que el director en una entrevista me lo decía: llegó un momento que vimos que eran tanta cantidad que no lo podíamos manejar, los sacamos de acá y se van para allá…

De todas maneras, nadie cree que enrejar el Teatro haya sido una buena solución.

―Para mí es una aberración, no sólo porque va en contra del skate y la juventud que ahí se juntaba. Va en contra del espíritu fundacional que tenía ese espacio. Estaba pensado para que la gente entre y salga, recorra, para hacer eventos. Ahora quedó cerrado, era un espacio público y ya no lo es más. Es una macana. Ahí hubo un cambio en la política pública: el director del Teatro que negoció con “el niño”, que permitió los eventos, que intentó combinar y convivir con la juventud y hacerla formar parte de la movida artística del Teatro. El tipo ese tenía una mente muy abierta. Él era consciente del problema que había ahí.

Hace referencia a una nota que Jorge pudo ver en su encuentro con el ex-director del Teatro. Una carta de los vecinos dirigida al director del establecimiento quejándose y pidiendo por una resolución del problema: los skaters.

―Entonces el tipo estaba presionado de todos lados, pero entendía lo que eran las prácticas juveniles y trataba de incluir y no expulsarlos. Cuando se fue ―aclara Saraví ―, hubo un cambio bisagra.

Empezaron a enrejar, hubo un detenido por patinar. Es una política que piensa que la única forma de cuidar los espacios es enrejándolos: un proceso que están sufriendo todos los edificios públicos de La Plata.

Un proceso que es la respuesta estatal por defecto ante el problema del skate: la escuela de Obras Públicas (8 entre 58 y 59) fue enrejada para prohibir el skate, al igual que “Mundo Mármol” -el Palacio de Justicia ubicado en 13 entre 47 y 48-. A esta lista de lugares arruinados se suman las rejas del Teatro Argentino.

El skate no molesta por el ruido, por la permanencia, por deteriorar. El skate rompe con lo impuesto. En palabras de Jorge: “Las prácticas lúdicas deslizantes desafían el imperio de la ciudad gris, monocrónica, funcional, instrumental, estática y eficiente”. El skate molesta porque el sistema adultocrático niega las prácticas juveniles rechazando sus prácticas. Así aparece la juventud rebelde, delincuente, problemática.

 

*Todos los epígrafes pertenecen a la tesis de Jorge Saraví, Skate, espacios urbanos y jóvenes en la ciudad de La Plata.

 

 

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